lunes, 5 de diciembre de 2011

Noctámbulos

 A punto de cumplir 8 meses y con 1.800 kilómetros ya superados, he hecho mi primera nocturna "de verdad" (y ya he repetido). Ya había andado de noche, pero siempre trayectos más bien cortos (no más de 3 kilómetros) y por asfalto o pistas sin dificultades. Mi experiencia mayor era de algo más de una hora en el Camino de Santiago, llegando a Palas do Rei (todo carretera).
 Pero ahora sí que he dado el paso definitivo, haciendo dos rutas de casi 30 kilómetros cada una y por monte de verdad.
 Me ha gustado, y mucho (por eso he repetido). He sacado varias conclusiones:
 1) Es conveniente llevar luz suficiente (obvio), sobre todo si se quiere ir a un ritmo similar al diurno.
 2) Cansa más, bastante más, especialmente si la zona no es muy conocida. El no ver más allá del alcance de la luz hace imposible prever las pendientes y se pierde mucha inercia; hay que pedalear más que si se ve lo que viene después.
 3) Impresionante la sensación de silencio (incluso en zonas que ya son muy silenciosas por el día).
 Como el otoño ha sido inusualmente seco, he usado las Python mucho más de lo que pensaba (la trasera ya tiene los tacos a medio gastar). Mi opinión sobre ellas no ha cambiado.
 Desde que ha empezado a llover me he pasado a las Vertical, tanto delante como detrás. Cuanto más las uso, más me gustan como neumático de invierno. Muy buena tracción, muy buena frenada y mucha seguridad. Su única pega es que cuesta mucho mantener velocidades altas en los tramos de asfalto.
 Con la bici también estoy cada vez más contento. Me sigue sorprendiendo la nobleza de reacciones y la facilidad de manejo.